"Amanecí cantando, con una tanda de cojudos en la calle : Jimmy, Sakuma, Caín y Jose Luis. Ibamos a ver una peli pero terminamos embriagandonos en karaokes. Mi garganta no podía más. Llegué a casa a eso de las 3 y mi cabeza reventaba. Dos paracetamoles, biberón y a dormir.
La mañana siguiente me aplastaba. Sigo en guerra con Martha. Me temo que siempre será así. Siento la imperiosa necesidad de largarme y el inmenso miedo de no saber donde. Hace mucho que ésta no es mi casa ni ésta mi familia. Hace mucho que no pertenezco a nada. No sé si eso me apena o distrae. Me da la inconsciente reacción de levantar los hombros. Leer me saca de la realidad, jugar en la computadora, o escuchar música.
No me gusta vivir en un lugar en el que me siento inencajable, con personas que apenas conozco, entre gritos y reproches, estoy harta.
Pero no tengo otra salida, solo puedo esperar que las cosas mejoren o mientras tanto pensar a dónde largarme.
Escapar con el dinero que pueda robar y prostituirme no parece el mejor camino. No es un final feliz, para mí la que menos. Yo tenía muchas ilusiones. No tengo idea de qué desear.
Me duele mucho la garganta. De pronteo sí deseo tener un tumor pero es cojuda la idea, porque eso solo me dará una más larga y feroz agonía.
Me he desahogado un poco y eso me calma, sin aliados, sin terapias. Seguiré con mis necesidades y enfermedades sola; cada vez veo menos, cada vez me deprimo más rápido, cada vez como más, cada vez los mareos son más fuertes.. cada vez deseo más morir. Es patético. No sé si tomarlo como una racha pasajera o que me he hundido en un torbellino que solo va a peor...
Ahora los puntos suspensivos me dejan indiferente, he mandado a Litio a paseo. ¡Qué ganas de tirarme de un precipicio! ¡Si solo tuviera uno a mano!..."
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